19 ago 2026

29.07 Pétalos de peonia en la bañera

Estoy escribiendo poco y tengo poca energía. Estoy usando mis recursos lo mejor que puedo.


Ayer me bañé en la bañera y sentí mucha gratitud. Los pétalos de la peonía con los que me bañé, la que me regaló Isabella para mis 30, que luego sequé, me contaron una historia.


Un cisne alumbraba el camino. Mi respiración hacía mover los pétalos. Bailaban. Interactuaban entre sí. Tenían formas. Se reorganizaban. Me contaban historias.


Una de las historias es el vínculo entre la bruja y el hombre. La bruja seduce y transforma al hombre, y ambos bailan y se cortejan. En un largo ritual que ya poco recuerdo, se dibujan y desdibujan y transforman. Ella vuela y lo atrae energéticamente.


Al final, el hombre está desnudo y horizontal. La bruja lo posee y lo decapita. La cabeza del hombre nunca vuelve a unirse a la constelación.


La bruja, al fundirse en el acto, desprende una parte de su alma: un perrito solitario que ladra asustado. El perrito nunca vuelve a unirse a la constelación. Relictos del ritual. Transformación. Transmutación.


Los bailarines siguen orbitando y se transforman en orquídeas, mantis religiosa, flores, bayas, estrellas.

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