26 ene. 2014

Yo quiero ser luna

Para estar rodeada de estrellas 
que brillan involuntariamente
eternidad e ilusión

Para alumbrar caminos 
y desear eternamente 
el reflejo del sol

Para no querer ser nada más
que luna.

14 ene. 2014

Estoy.
Estoy cansada de preguntas retóricas. Cansada de nostalgias, del pasado. Cansada por no entenderme, por no definirme, por ser tan insegura, tan cambiante, tan auto-destructiva, tan psicosomática, por ser siempre tan. Cansada de la impotencia. Es difícil vivir sin condicionarse, sin ser condicionado por el entorno. 
¿Entenderá alguien que quiero divorciarme de mi cabeza? 
Yo me escribo, pero todavía no me descifro. Quien sepa leer entre líneas, ajeno a mí, tal vez entenderá lo que realmente soy. Y después podrán contarme.

4 ene. 2014

¿Qué peor ciego que el que no quiere ver? Graves consecuencias de un mundo plástico y superficial. El árbol que tapa el bosque, árbol artificial y aislante que separa realidades, dando lugar al olvido de autenticidades y al consumismo. Es como un circuito eterno en el que se compran bienes para seguir formando una coraza que te carcome por dentro, enchapada en oro, pero sin valor alguno. Y así viven. Autómatas vacíos, que sienten con la piel y son propensos al reflejo condicionado. Hay que permitirse vivir. Sentir con las entrañas, pensar con el hemisferio derecho y volar un poco más.

Vejestorios

¿Será que ya no caben buenas almas en este mundo tan oscuro y despiadado? ¿O en verdad nunca las hubo? Las luces se consumen como una mecha encendida a contra viento; por más que vuelvan a encender, nunca con la misma intensidad de la primera vez. La luz es sensible. Cualquier roce puede inhibirla, cerrarla o alejarla. Una persona puede ser y confiar hasta cierto punto. No se pueden soportar tantas recaídas, decepciones. Nunca recibir nada. Ya nadie piensa en el otro. Ya no más. 
Al fin y al cabo, las vivencias, los amores, las amistades y los bienes materiales sólo sirven para darnos cuenta cuán solos estamos en el universo.

Búsqueda remota de definiciones

La nostalgia, retrospectiva, ajena y anacrónica, lleva a uno a apreciar esos pequeños momentos vividos de forma rutinaria en un pasado lejano, que en un presente se percibe utópico e inalcanzable, con el fin de rearmar un rompecabezas, un rompecabezas de piezas circulares. Cada caricia es revivida, tibia y escalofriante como la primera última vez, pero vacía, porque ya no se tiene, porque se tuvo. Cada acercamiento, respiración, mutua y compartida, cálida, húmeda y cercana, se siente en un instante jubiloso, se sueña, para luego despertar frustrado, intentando definir la nostalgia.

Cábala

Sin noción del tiempo, ella estaba perdida en un escenario tan oscuro que hasta parecía un sótano desolado. La función comenzaba en cinco minutos, el telón estaba a punto de correrse y se podían escuchar lejanos murmullos... o críticas. El telón corrió, la gente miraba despectivamente y las luces se disfuminaban en el secreto de lo que está por suceder. Todo salía mal, no se podía ligar lo aprendido durante el año, se encontraban sin vestuario, sin música ni compás. Al no lograr consenso como grupo, se prenden las luces. Miles de ojos curiosos permanecían fijos en los bailarines, que se sentaron rendidos por la ineficiencia colectiva. Por suerte ella advirtió su cábala pre-muestra y le avisó a su compañero, quién todavía maldecía las desgracias sucedidas:
"- Facu, esto no está pasando, estamos en un sueño, el mismo sueño que repito antes de cada muestra. - ¿Y qué hacés acá? Andá a buscar algo más interesante." En un instante su mente, aún en trance, descubrió lo que estaba sucediendo. Era puramente consciente de los artificios que la rodeaban. Salió del escenario, atravesó las bambalinas y le tocó decidir: una puerta iba a los camarines, de la otra colgaba un cartel que apenas se distinguía en la oscuridad espesa del ambiente somnoliento. "Traumas infantiles de Rocío" Al parecer su mente le jugaba un truco bastante sucio, ella sabía lo que hacía, ella escribió ese cartel y ella decidió entrar a ver de qué se trataba. Se encontró en una habitación infantil, totalmente desconocida, pero que su consciencia reconocía como propia. Al abrir la puerta de un pequeño estante, encontró una libreta escrita a mano por su madre. En la parte superior podía divisar un nombre, en la parte posterior había un archivo adjunto, que certificaba que Rocío Victoria era parte de una secta católica antisemita por parte materna. En ese instante retumban pasos secos y alejados subiendo la escalera, entre nervios y escalofríos guarda la libreta, y se recuesta en la cama. Abren la puerta, su hermano llamándola: "Levantate, ya vamos a comer".